
La noción de Gasto
No existe ningún medio correcto que permita definir lo que es útil a los hombres.
La contradicción entre las concepciones sociales corrientes y las necesidades reales de la sociedad se asemeja de un modo abrumador a la estrechez de mente con que el padre trata de obstaculizar la satisfacción de la necesidad del hijo que tiene a su cargo. Esta estrechez es tal que le es imposible al hijo expresar su voluntad. La cuasi malvada protección de su padre cubre el alojamiento, la ropa, la alimentación, hasta algunas diversiones anodinas. Pero el hijo no tiene siquiera derecho de hablar de lo que le preocupa. Está obligado a hacer creer que no se enfrenta a nada abominable. En este sentido es triste decir que la humanidad consciente continúa siendo menor de edad, admite el derecho de adquirir, de conservar, o de consumir racionalmente, pero excluye en principio el gasto improductivo.
Pero las prohibiciones no limitan al hijo que se entrega de todos modos a diversiones inconfesables.
Entre los gastos improductivos: la actividad sexual perversa, es decir desviada de la actividad genital. Esas actividades son un fin en si mismo: el énfasis se sitúa en la perdida, la cual debe ser lo mas grande posible para que adquiera su verdadero sentido.
Poesía puede ser sinónimo de gasto: creación por medio de la pérdida. Su sentido es equivalente al sacrificio. La función creativa compromete la vida misma del que la asume, puesto que lo expone a las actividades más decepcionantes, a la miseria, a la desesperanza a la persecución de las sombras fantasmales, que solo pueden dar vértigo o rabia. El poeta no puede disponer de las palabras más que para su propia perdición, que se vea obligado a elegir entre un destino que convierte a un hombre en réprobo, tan drásticamente aislado de la sociedad como lo están los excrementos de la vida apariencial, y una renuncia cuyo precio es una actividad mediocre, subordinada a necesidades vulgares y superficiales.
La riqueza es adquisición de un poder, poder de perder. Solamente por la perdida se une gloria y honor.
Los burgueses clase media, los empleados y los pequeños comerciantes, que cuentan con una fortuna mediocre o ínfima, han acabado de envilecer el gasto ostentatorio que ha sufrido una especie de parcelación, y del que ya no queda mas que una multitud de esfuerzos vanidosos ligados a rencores fastidiantes. No obstante tales simulacros se han convertido en la principal razón para vivir, de trabajar y de sufrir para todos aquellos que no tienen el coraje para someter su herrumbrosa sociedad a una destrucción revolucionaria.
…a los burgueses les es imposible disimular tanto la sordidez de su rostro como su innoble rapacidad, tan horriblemente mezquina que la vida humana queda degrada solo con su presencia.
Al oponerse tanto a la esterilidad como al gasto, coherentemente con la razón propia del cálculo la sociedad burguesa no ha conseguido más que desarrollar la mezquindad universal.
El rico consume lo que pierde el pobre creando para el una categoría de decadencia y de abyección que abre la vía a la esclavitud.
Cualquiera que sea la forma de desarrollo elegida sea esta revolucionaria o servil, las convulsiones generales constituidas durante dieciocho siglos por el éxtasis religioso cristiano y en nuestros días por el movimiento obrero deben ser consideradas igualmente como una impulsión decisiva que constriñe a la sociedad a utilizar la exclusión de unas clases por otras para realizar un modo de gasto trágico y tan libre como sea posible, al mismo tiempo que introducir formas sagradas tan humanas que las formas tradicionales lleguen a ser comparativamente despreciables. Es el carácter cambiante de estos movimientos lo que atestigua el valor humano total de la revolución obrera, susceptible de actuar por si misma con una fuerza tan constrictiva como la que dirige a los organismos elementales hacia el sol.

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