bocados empapelados


Bataille sostenía que “El amor humano es incluso más grande si en él está no darnos una seguridad que vaya más allá del instante presente, y llevarnos siempre el irreparable desgarramiento”. Me encuentro pensando en este sentido y desde el anarquismo cuando alguien que no conozco desde Perú me propone escribir un prólogo para su libro escrito a dos voces con otra cumpa anarquista. Vivir, escribir, pensar: paradójicamente. Leo el libro, recuerdo quién intentaba ser yo hace más de 10 años, a la edad que tienen quienes hoy me hacen el pedido.
Bocados es un libro joven y como tal mucho de lo aquí volcado, estoy segura, mutará pronto. Sin embargo, ambas autoras problematizan las fronteras que dividen disciplinas, en un esfuerzo para superar todo saber especializado y todo interés limitado, poniendo en cuestión no solo los prejuicios que dirigen la propia razón sino también los temores y deseos que secretamente gobiernan la propia vida. Comparto estos devenires con quienes me convidan la comunicación, como comparto un anarquismo nuevo que no se hinque de rodillas antes las “glorias” del pasado y no se avergüence de si.
Sin reposo alguno, sin esperar resultados, avanzando siempre a tientas, nos perdemos en el fulgor del éxtasis en la noche del no-saber: certeza es algo que solo tienen los católicos. Un pensamiento libre que renuncia a todo resultado práctico, a todo saber eficaz, pensamiento que se asocia a la alegría y al dolor, al amor y a la muerte, un pensamiento que se resuelve en la nada: escribo un prólogo a partir de la lectura del libro e inspirado en él, pero mi criterio no es la utilidad, sino el debatir-compartir.
¿Acaso no es la escritura una actividad inútil, un juego con su fin en si misma, que no se subordina a ningún proyecto, que permite desnudarse y pone en juego la integridad del ser, admitiendo incertidumbres, hasta el extremo del silencio, la risa, el llanto? Este otro tipo de escritura es poética y hace posible la comunicación íntima para romper el aislamiento cotidiano de los seres, para ponernos en comunicación entre nosotras: yo en Buenos Aires, ustedes en Perú, todas unas y singulares.
Mi deseo es no abandonar la relación de inmanencia que me une con otros seres, no negar la inmediatez animal, negación que me conduce a la angustia y a la muerte en vida, y reduce nuestra vida a pura subsistencia, mero perdurar. Disolverme así en la continuidad con otras y poner(me) en cuestión, la propia individualidad, la propia razón, la idea misma de propiedad aunque hoy yo firme esto y no logre ser otra. Mi deseo es entregarme sin reservas, y perderme: ser artifex de mi misma: jubilosa creadora de mí por medio de una indiferencia brutal del futuro. Me abro al juego incierto del azar y del amor que este libro me propone y afirmo el presente: si el poder es algo, la soberanía no es nada más y nada menos que poder perder, renunciar y reivindicar la dimensión lúdica y estética de la existencia humana.
No me baso en mi propio interés sino en mi deseo de vos. Me desnudo ante vos amorosamente hasta las lágrimas o la risa, me comunico. Renuncio a tener razón, renuncio a tener derecho, es decir privilegios burgueses. Deseo una escritura como inútil juego, unas relaciones basadas en el afecto mutuo, en la inmediatez del deseo, en la entrega generosa de lo que se posee. Deseo la Anarquía.

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