Lunes por la noche en Copenhagen




Christiania es un barrio okupado – o así lo publicitan- bastante cerca del centro comercial de Copenhagen. Tan turístico como pintoresco, esta zona dista mucho de ser lo que sueño para un espacio recuperado de tales dimensiones. Acá se vende de todo: drogas livianas (porro y hash), remeras del estilo “Yo pase por acá”, miles de lugares vegetarianos, de tejidos y demases. Es un lugar para el turismo progre y simpaticón de lxs mochilerxs de Europa y la bohemia, un reducto simil Amstard donde te podés fumar un buen porro sentada en una mesa con una cervecita. Acá también está esa especie de centro de activistas que no termino de comprender llamado Trauma Support, un lugar adonde lxs activistas que están traumatizadas se encuentran para que les hagan masajes, les sirvan té y para que les escuchen, donde todo huele a incienso, música tenue, y ondas de amor y paz, pero no hay preservativos, y algunas de las personas que trabajan son las desagradables cumpas inglesas que se negaron a hablarme por más de 24 hs en el micro. En Christiana, entonces, se realiza la conferencia con la ñoña de Naomi Klein a quien no me referiré simplemente por intrascendente en mi vida como activista. Acá también por la noche se realiza una gran fiesta en una carpa circense con DJs y todo… el grupo inglés llamado bike bloc, también parte de esta organización ecologista inglesa llamada Climate Camp, que no parará de bailar minutos más tarde cuando cientos de cumpas son arrestadas frente a sus narices.
Nos disponíamos a retirarnos cuando empezamos a ver corridas desde la calle para el centro del barrio Christiania. Prontamente nos damos cuenta que se tratan de anarquistas, probablemente insurreccionalistas del bloque negro que escapan a la persecución policial y buscan asilo, amparo, protección y solidaridad justo acá – mal lugar... Se equivocan. Nada de esto hay en este espanto de lugar. Le informamos a la organización de la fiesta que compañeros y compañeras están siendo gaseados con lacrimógenos por las calles del barrio y que necesitamos protegernos y protegerles de la policía que se encuentra en la puerta. Somos desoídas. La fiesta sigue. La música no para, el activismo quiere bailar.
Sin embargo, nosotras si levantamos con demás compañeras barricada, cajas llevas de botellas de vidrio, maderas, y demás elementos que serán utilizados a modo de improvisada barricada para que no entren. Los gases, la confusión y las corridas siguen. Escapar en la escarcha y el frío no es nada fácil. Me caigo sobre algo que parece una barricada pero quizás sea solo basura. ¿La policía esta atrás mío? No siento la rodilla, no puedo flexionarla. ¿Me sangra? ¿Está hinchada? No veo nada…. Solo escucho a Darius que me tiende la mano y me dice “tenes que seguir corriendo”. Y como puedo me muevo, con las caras tapadas todo lo que podemos para no respirar el aire viciado de los gases que no te dejan respirar.
Esta noche la policía está enojada. Como no pudieron llevarnos presas en la manifestación de hoy, ni impedirla vienen esta noche a atemorizarnos, a humillarnos, y cazarnos. Efectivamente, esta noche no nos será tan fácil salir de aquí – ni tampoco queremos, porque deseamos quedarnos con nuestras cumpas que hasta acá han sido acorraladas-. Esta noche –otra más- tampoco voy a tener sexo… y mientras las cosas parecen que se calman momentáneamente y pensamos cómo continuar, de nuevo la estampida de gente confundida escapando no sé si de los gases o de la policía. ¿Para dónde ir? Esta confusión me recuerda al activismo que estoy viviendo. Doblamos en una esquina, nuevamente huyendo (¿acaso ya está adentro la policía?) y por una calle más o menos oculta y una entrada que no es la principal nos topamos frente a frente con los ratis tamaño vikingo escandinavos. Sobre nuestros pasos giramos, nunca pensé que con la rodilla que ya tengo lastimada desde siempre y ahora golpeada contra el hielo y unas maderas, podría moverme tan rápido. Tengo miedo. No quiero que hoy me lleven presa. Quiero aguantar un par de manifestaciones más. Pienso que tengo mucho por ofrecer en las asambleas. Corro, y veo una escalera caracol por donde tres personas ingresan raudamente… subo con ellas. Darius un poco más atrás. La policía logra golpearlo en el pecho, luego me dirá que no ha dolido tanto, que no pegaron tan fuerte.
Y a partir de aquí ocurrirá la cosa más desopilante que jamás me haya pasado en la vida.
Me encuentro en lo que parece un edificio de dos plantas de departamentos. Pero no. Tenemos una discusión: no podemos quedarnos encerradas acá toda la noche esperando lo inevitable, la policía está requisando propiedad por propiedad buscando activista. Nos vieron subir, es cuestión de tiempo para que vengan a buscarnos. ¿Salir a la calle? Vemos desde las ventanas de las escaleras como parecen detener a todo el mundo que encuentran por la calle, en especial a aquellos que claramente no se ven como turistas. ¿Golpear una puerta? ¿Pedir protección a algún vecino o vecina? ¿Quién dejaría ingresar a su casa, a su propiedad privada a quien se refugia de la policía? ¿Quién nos escondería?
Por la escalera una voz con un inglés raro, más raro que lo que hablan en Dinamarca, nos dice “está todo bien, bajen, no está la policía”. Una joven que nos parece china nos llama. Bajamos hacia un lugar que no sabemos qué es. Parece una casa pero llena de esta gente que parece china. Desde una puerta lateral le gritan improperios a la policía. Pero la policía no se mete con ellxs. Está ocupada cazando activistas. Uno de estos falsos chinos nos descubre su identidad y dónde estamos: son esquimales de Greenland (Groenlandia), colonia danesa, y esta es su casa comunal.
Sin embargo, nuestros benefactores no están todxs de acuerdo. Dos de ellas quieren que nos quedemos. Pero el resto intenta sacarnos por la fuerza. Literalmente. Odian a lxs activistas tanto como a la policía y no quieren problemas con estos últimos por proteger y ocultarnos. Después de insultos, forcejeos, y confusión llega un punto que es mejor enfrentar a la policía que quedarse en lo que pronto será una pelea de borrachos con estos esquimales beodos y para nada solidarios. Salimos abatidas, tratando de fingir ser turistas preocupadxs, tratando de escapar. Finalmente en la puerta la policía nos para, nos pide documentos, nos pregunta de dónde somos, qué hacemos acá, nos revisa la ropa y las mochilas. De casualidad, no encuentran mi botella mitad agua mitad mallox (ese anti ácido que acá se mezcla con agua y se usa para limpiarse los ojos del gas pimienta y los gases lacrimógenos). Logramos salir de Christiania. En la puerta, carros hidrantes y decenas de guardias de infantería. A las dos cuadras vemos como llegan a la zona algo así como 20 celulares para meter presas a las otras personas. Simplemente tuvimos suerte, no llegamos a ser detenidas porque no tenían más patrulleros donde llevarnos. Hacia rato que la lucha se había acabado y quienes pudieron se escondieron.
El saldo: 200 personas arrestadas esa noche. Las mismas que no fueron arrestadas durante la manifestación. La fiesta nunca paró hasta que la policía les cortó la música.

1 opinolog*s:

ChicaOstraRabiosa dijo...

:) un abrazx! me encantaría estar ahí con vos.
Buenísimas las crónicas...un lujo leerte.
Tu groupie por siempre... jajjaa (:p)
BESO.