Textos para la performance del viernes con Las Tremendas


1. Aquellos espacios tradicionalmente consignados a la vida privada, como ser el de la sexualidad, se constituyen hoy como vectores de una apuesta política fuerte contra el orden establecido de las cosas: por ejemplo, la división binaria por sexos, cuya construcción depende de una matriz de inteligibilidad que califica a las personas de acuerdo a expresiones de género (femenino/masculino) y el ejercicio de una sexualidad heteronormativa que de allí se desprende como “natural”, son algunos de los pilares donde el sistema capitalista se apoya firmemente.

2. El género sería entonces de acuerdo a nuestra postura el dispositivo privilegiado de un régimen que regula las diferencias y que divide y jerarquiza a esos cuerpos de forma coercitiva y solidaria con cierto orden.

3. Toda posición de deseo contra la opresión por muy local y minúscula que sea termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista y contribuye a abrir una fuga.

4. Lo que hemos tomado como un rasgo “interno” de nosotrxs mismos es algo que anticipamos y producimos a través de ciertos actos corporales…un efecto alucinatorio de gestos naturalizados

5. Es menester refutar también el carácter invariable del sexo, tan culturalmente construido como el género, mediante prácticas que “de-genericen” lo genital y otras prácticas que de allí se desprendan, mediante una citación subversiva de las mismas. Más aún, podemos decir que esta producción de la sexuación como fenómeno pre-discursivo y “natural” debe entenderse como el resultado del aparato de construcción cultural nombrado por y desde el género.

6. La mayor parte de las categorías psicológicas actuales (el yo, el individuo, la persona) proceden de la ilusión platónica y racionalista de una identidad “sustancial”. Desde que accedemos a ese conocimiento, el sujeto, el yo, el individuo, etc., se vuelven para nosotras conceptos falaces, pues convierten las unidades ficticias en sustancias cuyo origen es exclusivamente una realidad lingüística.

7. Cuando en el discurso lacaniano se dice, por ejemplo, que alguien asume un “sexo” la gramática de la frase crea la expectativa de que hay alguien que al despertarse indaga y delibera sobre qué “sexo” asumirá ese día, una gramática en la cual la “asunción” se asimila pronto a la noción de una elección en alto grado reflexiva. Pero si lo que impone esa asunción es un aparto regulador de heterosexualidad y la asunción se reitera a través de la producción forzada del “sexo”, se trata pues de una asunción del sexo obligada desde el principio. Y si existe una libertad de acción esta no debe buscarse en las posibilidades que ofrecen la apropiación obligada de la ley reguladora, la materialización de esa ley, la apropiación impuesta y la identificación con tales demandas normativas

8. Sostenemos que la heterosexualidad normativa es, por tanto, parcialmente responsable de los cuerpos sexuados, dado que su su potencial identificatorio está regulado por las normas sociales construidas bajo toda una red discursiva que se apoya sobre los imperativos heterosexuales.

9. La sexualidad normativa consolida el género normativo, donde por ejemplo una es mujer en la medida en que funciona como mujer en la estructura heterosexual dominante. Poner en tela de juicio esa estructura mediante una corporalidad biopoliticamente asignada mujer que funciona de otra forma, de una forma desviada, puede implicar perder algo de nuestro sentido de lugar en el género.

10. Ciertas prácticas sexuales vinculan más profundamente a las personas que la afiliación de género, de hecho identificarse con determinado género presupone desear a alguien de un género diferente, y solo desearlo de cierta forma. El deseo está, entonces, hasta cierto punto implicado en las normas sociales, ligado al poder, y a la cuestión de lo vivible. A pesar de que tener cierto género no implica de manera natural desear de cierta forma, hay un deseo que es constitutivo del género, por ende no es fácil separar la vida del género ni la vida del deseo, y de allí la necesidad política de pensar otro deseo y otras expresiones de género.

11. La noción de que puede haber una “verdad” del sexo se crea justamente a través de prácticas reguladoras que producen identidades coherentes a través e la matriz de reglas coherentes de género. El problema no es descubrir en sí la verdad del sexo, sino más bien usar de allí en más su sexualidad para arribar a multiplicidad de relaciones.

12. La heterosexualización del deseo exige e instaura la producción de oposiciones discretas y asimétricas entre “femenino “y “masculino” entendidos estos conceptos como atributos que designan “hombre” y “mujer”

13. La sexuación puede ser concebido como una tecnología de dominación heterosocial que reduce el cuerpo a zonas erógenas en función de una distribución asimétrica del poder de los géneros y sus expresiones y disciplinas. El sistema heterosexual como orden político divide y fragmenta el cuerpo, identificando zonas como centros naturales de la diferencia sexual: el cuerpo se ve recortado por la cultura (y por su régimen biopolítico de género).

14. No es cuestión de celebrar la diversidad sino de establecer condiciones materiales y subjetivas que permitan albergar y resguardar y mantener las vidas que resisten los modelos de asimilación. La autodeterminación, el propio deseo, se vuelve plausible solo en el contexto social que apoye y permita el ejercicio de esa agencia.

15. La persona así llamada “perversa” justamente lo es porque reniega radicalmente con todas sus fuerzas del lugar de objeto al cual el discurso social intenta reducirla, proponiendo en cambio elevarse como sujeto que goza en erigirse como representante de ese discurso.

16. La propuesta es pensar el cuerpo como lugar de resistencia contra la construcción biopolítica, reclamando formas rupturistas de las funciones sexuales, deconstruyendo sistemáticamente, no sólo los condicionantes culturales que operan sobre los mecanismos de elección de objeto sexual sino también las prácticas sexuales del sistema de género hegemónico, y el sistema de género entero que constituye una percepción social de lo corporal y de nuestros cuerpos, cómo intercambiamos e interactuamos con lxs demás, cómo tenemos que ser.

17. Generar una contraproductividad desde el placer-saber, una excitación permanente que nos haga salir -o aunque sea pensar que podemos hacerlo durante un rato- de la cadena productora-reproductora (llámense hijxs, llámense prácticas, llámense relaciones, et cetera), siempre siendo conscientes de que no hay sexualidades puras- ni contrasexualidades puras- pero que sí hay incomodidad y resistencia, en un terreno que no sólo no es menor sino que ya tampoco es innombrable, que no es natural ni meramente inconsciente o pre-consciente, sino un dispositivo por donde emerge el poder con gran potencia en sus estados más primariamente naturalizados.

18. La lucha política es, en ese sentido, una lucha a muerte que como operación transformadora de la realidad se pone de manifiesto en una praxis revolucionaria, que sintetiza en una práctica el valor de una interpelación emancipadora en relación a las barreras culturales que encorsetan la sexualidad toda. De hecho, es la condición más dura de este movimiento y nos dirige hacia nuestra propia negación como sujetos, entendiendo al “sujeto” como construcción histórico-social asociada a una identidad sociopolítica determinada.

19. La sexualidad que emerge en el seno de la matriz de las relaciones de poder y no es una mera copia de la ley misma, ni una repetición uniforme de una economía de identidad de masculinidad dominante, las producciones que se alejan de sus objetivos originales y dan lugar a posibilidades de “sujetos” que no solo sobrepasan las fronteras de la inteligibilidad cultural sino que en realidad amplían los confines de lo que es culturalmente inteligible tienen el potencial para producir una sexualidad liberada de las construcciones heterosexuales, una sexualidad que va mas allá del “sexo” que sigue definiendo la sexualidad. Las normas heterosexuales de género producen ideales inaccesibles, abyectas.

20. La heterosexualidad opera mediante la producción regulada de versiones hiperbólicas del “varón” y la “mujer”; representaciones que nadie elige pero tenemos que negociar, estamos obligadas a negociar porque son de carácter obligatorio para la constitución de un sujeto para existir en esta sociedad. Sin embargo, se trata de normas asediadas por su constante ineficacia, de allí que se repitan angustiosamente en actos performativos convencionales para incrementar su jurisdicción.

21. La producción misma del género debe ser entendida como parte de la producción de lo seres humanos conforme a las reglas que reproducirían la familia heterosexual normativa puesto que la reproducción generizada de personas depende de la regulación social de la familia y su injerencia fundamental en la reproducción de personas (heterosexuales) aptas para incorporarse a la familia en tanto forma social: producción y reproducción de la vida inmediata y reproducción material y simbólica.

22. Género y sexualidad pasan a formar parte de la vida material, y aquella vieja división del marxismo clásico se prueba no solo errónea sino también inútil para la transformación del sistema.

23. La regulación de la sexualidad está estrechamente vinculada al modo de producción en la economía: el género se pone al servicio de la reproducción y es parte de la vida material debido al modo en el que el género normativo funciona en pos de la reproducción de la familia normativa.

24. Las luchas para transformar el campo social desde la sexualidad se convierten en centrales para la economía política hasta el punto de poder ser relacionadas no solo con la cuestión del trabajo no remunerado y explotado sino al ampliar el concepto de reproducción de la clásica noción de mercancías para incluir, personas y sistemas enteros de valores.

25. Reproducir personas y reproducir la sociedad, sumado a la regulación social de la sexualidad forman parte del mismo proceso de producción, es decir de la concepción materialista de la economía política.

26. El modo específico de producción e intercambio sexual difuminan la diferencia entre lo cultural y lo económico, y funcionan con el fin de mantener la estabilidad del sistema de género, la heterosexualidad del deseo y la naturalización y necesidad de la familia como modo insustituible de relación no solo como parte fundante del modo de producción sino también como modo privilegiado de reproducción de personas de acuerdo con los modelos sociales útiles para el capital.

27. En la medida que los sexos naturalizados funcionen para asegurar la pareja hetero como la estructura sagrada de la sexualidad se perpetúa el parentesco, los títulos legales, económicos y las prácticas que delimitan quien será una persona socialmente reconocida.

28. Siendo que lo económico es parte del intercambio que asumen ciertas formas culturales, debemos reconocer que todo intercambio produce y es producido por relaciones sociales.

29. Puesto que el modelo obligatorio e imperante del intercambio sexual reproduce una sexualidad constreñida por la reproducción y la noción naturalizada del sexo en el cual la reproducción tiene una función primordial, insistir en que las formas sociales de la sexualidad pueden exceder y desbaratar los ordenamientos hetero del parentesco y la reproducción, equivale a sostener que lo que califica a alguien como persona y ser sexual puede ser radicalmente modificado.

30. Las producciones sexuales genéricas y las expresiones de género contrasexuales constituyen una amenaza para el funcionamiento adecuado de la economía política desde esta perspectiva. Dado que lo económico y lo reproductivo están ligados necesariamente a la reproducción de una heterosexualidad solidaria, ¿podemos a su vez, con el funcionamiento de esta ley y este orden, generar un movimiento que pueda criticar y transformar los modos en la que la sexualidad es regulada socialmente?




by Gaston Rodriguez, Fausto Sterling, Michel Foucault, Leonor Silvestri, Gilles Deleuze, Beatriz Preaciado

1 opinolog*s:

Maru dijo...

gracias por estos textos :D