
hace un año alguien me volvia loca señalandome esta fecha alguien que hoy ni me recuerda
hace un año alguien me decia que sin mi se moria y sin mi no se que tal cosa
hace un año
vivi un año mas y lo celebro vivi sobrevivi contra todo pronostico
siendo cinica pero sin volverme esceptica
vivi para perder amigas y amigos para ganar nuevos
para seguir sintiendo desde las visceras desde lo profundo
para continuar adentrandome en la espesura del bosque
y mi voz quemadura
y mis voz que madura
y mi vos que madura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
AL RIU DEL BOSC
(Vallclara, 1989)
Ja som mitja nit
No sé què em passa
Ja som mitja nit
No sé què tinc
Ja som mitja nit
E
El gos em parla
Ja som mitja nit
I entenc què em diu
Ja som mitja nit
Que avui hi ha una party
Ja som mitja nit
No puc faltar-hi
Ja som mitja nit
Hi serem tots
Ja som mitja nit
Party de llops
Ja som mitja nit
Au, au…
Au, au...
por quienes estan por quienes devinene
por queines no se van por quienes vuelven
por quienes fluyen
por quienes fueron estuvieron hicieron
todas en mi somos varias todas siempre viajan conmigo aunque las deje ir
contra todo pronostico un año mas
salud y A sea lo que sea que eso signifique amistad afinidad anarquia abrazos
El don de la ternura
Carver
Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
surcando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Observamos un rato la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en el hogar,
me pediste que regulara
el tiro de la chimenea.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero
por razones que desconozco
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé esa tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que carreteaba
lentamente bajo una lluvia de granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
No vimos a una sola persona.
“Es como si todo estuviera de luto,”
fue tu comentario.
Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron de la Argentina
a un departamento en el que pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
pero el departamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La heladera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por la luz interior
hasta el botellón con agua refrescante.
En el baño un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavatorio.
Todas las mañanas mientras me afeitaba
calentaba agua en una vieja sartén,
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.
Un mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente disqué el número
de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él ya no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
“Está bien”, le dije. “Te entiendo.”
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.
Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me comentás que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. “Yo también.”
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.
euforia instinto animales manadas

3 opinolog*s:
perilla auguri di buon compleanno
besos
la tana mery
ay perri, snif...un abrazo de oso, chirlos en el culo, velas quemadas en las tetas y un morreo de los gordos! y un puño, po qué no?
perras vengan a festejar a casa
helen ni en pedo me metes vos el puño
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