
El crimen, contrariamente a lo que insinúa la Justicia, no es nunca un acto, un hecho, sino una condición de existencia, una modalidad de la presencia, común a todos los agentes del Partido Imaginario. Para convencerse de ello basta reflexionar sobre la experiencia del robo o del fraude, que son las formas elementales y más corrientes de crimen —HOY, TODO EL MUNDO ROBA. La experiencia del robo es fenomenológicamente algo diferente de los —por así decirlo— motivos que se reputan como lo que nos « empuja » hacia ello, y que nosotros mismos nos alegamos. El robo no es una transgresión, sino, desde el punto de vista de la representación: es una operación sobre la presencia, una reapropiación, una reconquista individual de ésta, una reconquista de sí como cuerpo en el espacio. El cómo del « robo » no tiene nada que ver con su hecho aparente, legal. Este cómo es la conciencia física del espacio y del entorno, del dispositivo hacia donde me conduce el robo. Es la extrema atención del cuerpo en fraude en el metro, alertado por el menor signo que podría indicarle la presencia de una patrulla de controladores. Es el conocimiento casi científico de las condiciones en las cuales opero, lo que exige la preparación de cierto retiro de amplitud [forfait d'ampleur]. Se da toda una incandescencia del cuerpo, una transformación de éste en una superficie de impacto ultrasensible que yace en el crimen y que es su auténtica experiencia. Cuando robo, me desdoblo en una presencia aparente, evanescente, sin espesor, absolutamente cualquiera, y una segunda, entera, intensiva e interior esta vez, donde se anima cada detalle del dispositivo que me rodea, con sus cámaras, su vigilante, la mirada de su vigilante, los ejes de visión, los demás clientes, el estilo de los demás clientes. El robo, el crimen, el fraude son las condiciones de existencia solitaria en guerra contra la bloomificación, contra la bloomificación mediante los dispositivos. Es la insumisión propia del cuerpo aislado, la resolución de salir, incluso solo, incluso de manera precaria, mediante una puesta en juego voluntarista, de un cierto estado de sideración, de duermevela, de esa ausencia de sí que conforma el fondo de la « vida » en los dispositivos. La cuestión, a partir de ahí, a partir de esta experiencia necesaria, es la del pasaje al complot, a la organización de una auténtica circulación del conocimiento ilegal, de la ciencia criminal. Este paso a la dimensión colectiva es lo que debe ser facilitado por la S.A.S.C. (Sociedad por el Avance de la Ciencia Criminal)
[...]
Frente a todo dispositivo, por ejemplo un portillo giratorio en las entradas del metro de París, la mala pregunta es: « ¿para qué sirve? », y la mala respuesta, en este caso concreto, es: « para impedir el fraude ». La cuestión exacta, materialista, la cuestión metafísica-crítica, es por el contrario: « ¿qué hace, qué operación realiza este dispositivo? ». La respuesta será entonces: « el dispositivo singulariza, extrae, de entre la masa indistinta de 'usuarios', unos cuerpos fraudulentos, forzándolos a realizar algún movimiento fácilmente reconocible (saltar por encima del portillo, deslizarse tras un 'usuario en regla'). Así, el dispositivo hace que exista el predicado 'defraudador', es decir, que hace que exista un cuerpo determinado en tanto que 'defraudador' ». Lo esencial, aquí, es el en tanto que, o, más exactamente, la manera en que el dispositivo naturaliza, escamotea, el en tanto que. Debido a que el dispositivo tiene una manera de hacerse olvidar, de borrarse tras el flujo de los cuerpos que pasan en su seno, goza de una permanencia que se sostiene en la actualización continua de la sumisión de los cuerpos a su funcionamiento, a su existencia relajada, cotidiana y definitiva. El dispositivo, acomodado, configura así el espacio de tal modo que la propia configuración permanece como en retirada, en tanto puro dato. Así, debido a la manera en que vemos que va de suyo, se deriva el hecho de que lo que hace existir no se muestra como algo que ha sido materializado por él. Así es como, antes que impedir el fraude, el « portillo anti-fraude » realiza el predicado « fraudulento ».
EL DISPOSITIVO, PRODUCE, MUY MATERIALMENTE, UN CUERPO DADO EN TANTO QUE SUJETO DEL PREDICADO DESEADO.

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