
"Cada día era un final y un principio. A eso le dí el nombre de libertad. Cada noche, un reencuentro y la posibilidad de seguir andando. A eso lo nombré amor. Pasaba tardes enteras leyendo novelas, tumbada en el fresco de la habitación azul a la que llamábamos la piscina. Cuando bajaba el sol, me sentaba en el balcón que daba al bosque con una vieja máquina de escribir y destilaba poco a poco los últimos destellos de aquella pesadilla inventada para salvarme del desgarro. A este encuentro cotidiano con la escritura lo llamé felicidad."
Helana Torres
amiga afin amante amiga.

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