“Para una ciencia de los dispositivos el asunto no será por tanto el de denunciar el hecho de que éstos nos posea, de que habría en ellos algo de mágico. Sabemos muy bien que al volante de un automóvil es muy raro que no nos comportemos como automovilistas, y no necesitamos para nada que se nos explique cómo condicionan la televisión, la playstation o un “ambiente acondicionado”. Más bien una ciencia de los dispositivos, una metafísica crítica levanta acta de la crisis de la presencia y se prepara para rivalizar con el capitalismo en el terreno de la magia.”
Tiqqun
En el aeropuerto de buenos aires cualquier cosa que puedas meterte a la boca para calmar el hambre costará no menos de 25 pesos. En ese aeropuerto, de hasta los precios lucen europeos, una vez despachadas mis valijas, y tras despedir a mi amante, ingreso a la sala donde dos personas relacionadas a la seguridad área del país controlan scanner mediante lo que llevo en mi equipaje de mano. Ellos me piden que la abra y revisan todo el material. Llamarán a los libros de mi autoría que llevo para Chile “folletos” y tocarán con sus manos una a una todas las prendas que allí coloqué, en especial la lencería erótica, que estoy cargando para uno de mis shows (y que llevo en el equipaje de mano para que no pueda perderse). Tocarán y escarbarán hasta que lleguen a mi arnés rosa, ese que me hizo TokioSS en Barcelona y a mis tres dildos, Barbie, Papá Pitufo y El Increíble Hulk. Al verlos dirán “Esto no lo podés subir con vos al avión, es material pornográfico”. Luego de tratar hacerlos razonar de alguna manera, en especial mediante la coartada “Soy una artista visual tengo un show en Chile”, mentira que de todas las que podía decir me parecía la más fácil de digerir por los imbéciles éstos, y al darme cuenta que nada les haría cambiar de opinión y que solo faltaban 30 minutos para que mi avión se fuera decidí hacer lo que me decían: embarcar en la bodega mi valija de mano y correr el riesgo de que se extraviara y quedarme sin el material sin el cual no podría hacer ninguna performance porno luddita.
Echando leche llegamos a embarcar en ese avión – los altoparlantes me llamaban y me pedían que fuera a la zona donde se ingresa al avión. Y los sentimientos son varios. Manoseo, impotencia, humillación. Por una cuestión de principios y de supervivencia, mi activismo frente a ciertas situaciones es “pasar piola” es decir, mentir, que no sepan quién soy, que no se den cuenta, el anonimato, ser un “cualquier persona”. Es más posible salirme con la mía diciéndoles “es para un show” -lo cual no deja de ser cierto- que ponerme allí a explicarle a un humano Haraway, los derechos trans, y que entre el remache de sus muelas y mis dildos no hay grandes diferencias, o aun más que entre su verga o la de mi amigo con quien vengo viajando y mis dildos no hay diferencia. Por otra parte, más que ponerme allí a reivindicar mis derechos trans – podríamos decir mis privilegios de clase, la posibilidad de tomarme un avión etc.- comprendo que mis dildos son armas para las cuales no hay permiso de portación aunque se vendan públicamente. Son armas, como granadas, porque atentan contra todo lo que este cabrón tiene en la cabeza, y contra los criterios de normalidad anormalidad de esta sociedad, contra el criterio de naturaleza y artificialidad (un día después luego de la performance y en el medio del covnersatorio una bella joven punk española radicada aquí y que juntaba fondos para compañerxs presxs durante nuestro evento TransTortillero PornoLuddita Terrorista Sexual me increpó que a ella “le chirriaba” que en vez de usar una sexualidad más creativa usemos elementos industriales como ser los dildos). Y como armas que son no solo es lógico que no pasen piola, que enerven al señor de la seguridad, que incluso puedan ser incautados delante de mis narices y que la mejor manera que encuentre de protegerlos no sea ponerme a defender mi derecho trans a ser normal, y a ser de clase media (pese a que este pasaje de avión me lo regala gentilmente una amiga feminista a la cual me une un estrecho cariño y a la cual he apoyado intensamente como el anarquismo enseña) y tomarme un avión con las extensiones de mi cuerpo que uso tanto para preocupar y recibir placer como para atentar contra el sistema (aunque así escrito me parecen bastante lo mismo). No voy a convertir en interlocutores válidos o malgastar mi capacidad de seducción y convencimiento lo que en magia podríamos denominar “Charisma Check” en otro hostis más, no haré que este problema se torne tangible para la guerra -¿qué sentido tiene que venga una instancia superior de juicio hasta el lugar donde mis cosas se ven toqueteadas y desparramadas? Solo lograría justificarles el sueldo y la razón de ser jueces e interpretes de qué es y qué no “material pornográfico”. Con las autoridades no se dialoga, se las aniquila y este no es ni el momento ni el lugar (la ofensiva estratégica que se llama). Tampoco me indignaré y reclamaré Justicia, Igualdad, Derechos, Respeto cual sujeta de la Ilustración puesto que mi deseo es habitar un espacio corporal de excepcionalidad donde estas 4 prerrogativas burguesas e ilustradas no sean necesarias puesto que el punto epistemológico ético de donde partimos no las requieran. De nada me sirve pedir para mi estas cosas a sabiendas que al pedirlas yo para mi reproduzco la individualidad de la cual quiero desprenderme para devenir manada-lobos y a sabiendas que si me las conceden siempre habrá ad infinitum nuevos reclamos, nuevas quejas, nuevas divisiones, nuevas jerarquías sobre lo qué es y lo qué no es “material pornográfico”. Hoy tiene este nombre mis dildos, pero es un nombre como todos contingente, pero son mucho más que “material pornográfico” : objetos técnicos de mi cuerpo, prótesis de placer y seducción, armas contra el Imperio. También se que muchxs de quienes lean este texto tan solo se indignarán y por bella que me parezca la indignación, por mucho que la haya querido en el pasado,sé que no es el camino en esta guerra singular que nos toca vivir.
Mi amante le ha dibujado un talismán protector a la valija de mano, no encontraba el sentido de este gesto, o mejor dicho parecía un gesto equivocado. Pero finalmente la valija viajó en bodega, y yo me olvidé en el apuro, los nervios y la angustia de quitar de allí dentro mi disco duro portable. Todo mágicamente llega a destino bien y en una pieza, nada está roto y al día siguiente es decir el sábado podemos realizar una perfo psicomágica que improviso bajo el nombre de “Aeropuertos Argentina 2010” donde exorcizamos a mi maleta, mis objetos técnicos, y macumbeamos un poco más la heteronorma colectivamente. A propósito, el salchichón que me robé del supermercado para la performance y que todo mundo comió tras metermelo en la concha y cantar el himno nacional argentino será material pornográfico? Habrá que preguntarle a lxs especialistas: quienes controlan los límites y las fronteras no sólo de los aeropuertos sino de las maneras de ser trans y activistas en este mundo.

0 opinolog*s:
Publicar un comentario