Hartas


Está harto el dueño de la fábrica de que demonicen su trabajo.
Está harto el médico obstetra de que demonicen su práctica indiscriminada de cesáreas.
Está harto el padre de familia cuando demonizan la manera cómo educa a su prole.
Está harta la biochica, jovencita y linda, de que demonicen su imagen ofrecida al varón sin un sesgo de crítica.
Está harta la novia lesbiana cuando algunas voces se manifiestan, no en su contra, no contra su “individualidad”, su “derecho a elegir”, sino contra una institución, milenaria podríamos decir, o sustentada por la ausencia plena de la inmensa mayoría, es lo mismo, llamada “pareja”.

Las parejas funcionan, como las fábricas, como las familias, como la heterosexualidad. Fueron pensadas para que funcionen. Su funcionamiento -su cómo- es el que vemos. No es su mal o buen funcionamiento lo que atacamos, del mismo modo que no atacamos individuos (al menos no civiles...) Es su ontología, su deber ser, su existencia como posibilidad de agenciamiento sexo-afectivos, la imposición -intrínseca a su concepción- de una jerarquía basada en una patología mental (cathexis) no en un principio de afinidad.

La pareja, como dice mi amante, mi no pareja, mi afin sexual, es “la conjura de la manada y viceversa”.

Acá estamos harta de que se crea que las instituciones de la modernidad, e incluso de antes de la modernidad, son resignificables y resemantizables. Pues no. No lo son. Del mismo modo que no hay un capitalismo sano ni una policía buena.

Estamos hartas de que las parejas organicen la dinámica de los cuerpos y de los afectos.Que sean ellas siempre la prioridad, las que rigen las semióticas y las narrativas.
A quién quiero más? A quién quiero para coger? A quién iré a socorrer, a quién apoyaré?
Estamos hartas de que se sostenga el capitalismo, de que se crea que se lo puede reformar, y que su reforma, que no existe, es un acto de voluntad individual, un Yo que elige.
Estamos hartas de que nos nieguen esas parejas el devenir manada, que se olviden de las múltiples afectaciones de jaurías, que no atenten contra el orden conocido, contra el Imperio-Amo/r.
Estamos hartas de su puta debilidad. De su puta juventud de espíritu que nunca aprende. No vamos a tomar siempre el palacio de Invierno para darnos cuenta de que el marxismo, el bolchevismo no solo deriva hacia lo peor, sino que es lo peor.
Estamos hartas de la belleza y del amor. Hartas de que se crea que nuestra potencia afectiva es menor porque no deseamos ser parejas, es decir no deseamos tener un juego de solo dos egos, no deseamos ser individuales, no deseamos un yo y vos, sino un nosotras, múltiples y singulares.
Estamos hartas de que no vean como se normalizan, como pierden capacidad subversiva con cada pelea por celos, por cada lucha por la reterritorialización de los cuerpos, por la posesividad, por salvar a la pareja, et cetera.
Estamos hartas de que las parejas normalicen a sus parejas, les hagan ingresar sin más al mercado del capital (cuando deberían estar logrando apoyo mutuo, autogestión, y organización), les consigan trabajos normales, les consigan vidas normales a sus parejas.

“Suspender la búsqueda por una elección de pareja es la cobardía desesperada que más tarde nos aleja de las amigas, y es fascismo excluyente de un cariño que no puede salir del juego de dos espejos” . Ho Hydeis


No hay por un lado la compañera y por el otro las amigas. Se cae de obvio que lo que hay es las amigas -deviniendo- manada. Todas somos compañeras.

1 opinolog*s:

Lisarda dijo...

¡Hartas ya de estar hartas!
Buen momento para ver al inimputable de Tonino Carotone en su hit "Me cago en el amor".
Abrazo desposeído.