tristia





EL EXTRANJERO

…y Mercurio voló sobre nosotros,


...

estrella extranjera.


En el muelle de Arjánguelsk,
barcos extranjeros,
pesares extranjeros,
destinos extranjeros.

Y negro como un grajo,
en la noche blanca, hasta el amanecer,
lloras tú, marinero griego,
junto a la estatua de Pedro.

Y de modo poco extranjero,
en polvorienta plazuela
te enjugas de forma rara
las lágrimas con el sucio puño.

¿Quizá te ofendió el capitán?
¿Quizá murió alguien de tu familia?
¿Quizá bebiste vodka en exceso?
¿Quizás estés, simplemente, excitado?

¿Qué te ha sucedido?
¿Qué te ocurrió, griego?
Pues lo que a ti te sucede
es que también eres persona.

Y áun más desagradable si,
sin comprender tu tristeza,
alguien te pregunta si tienes
calcetines toda medida.

Y miras con mucha amargura,
sin buscar ya comprensión,
al que te ofrece cinco rublos:
un granujiento petimetre.

Pero llega, algo achispado,
cejas canosas, rostro cobrizo,
sufriendo como el griego su tristeza,
el motorista de un barco ruso.

El motorista se sienta al lado:
“¡Anda, bebamos, amiguito!”-
y su manaza nudosa
mete silencioso en la pelliza.

Ensimismado, diligente,
saca del bolsillo
una traductora: medio litro,
y la sacude cual pez contra el banco.

Y sentados beben en silencio,
miran, abrazados, a lo lejos,
junto a la tristeza griega
nuestra tristeza rusa…

Evgueni Evtushenko


me lo regalo el konko yo te lo dedico a vos amigo hocicon que compartis conmigo esa cuota de tristeza tras los ojos.

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