autogestion de la comida
Hacíamos hincapié en informes anteriores sobre reconocer y en definitiva elegir aquellos frutos y verduras que pertenezcan a esta estación. Otra herramienta que no falla son los olores: aquellas frutas que fueron por estos días cosechadas despiden un fuerte aroma que se percibe no bien entramos en la verdulería, lo que no sucede con aquellas provenientes de cámaras que ya casi no lo tienen. Dejemos entonces que la nariz elija.
De la misma manera, resulta interesante el tema de los colores: se tiene como regla general – aunque hay excepciones – que aquellos alimentos de colores claros contienen fundamentalmente hidratos de carbono, como el caso de todos los cereales y de los tubérculos como la papa, batata, etc.
Los alimentos de colores oscuros son ricos principalmente en proteínas, como las legumbres, miso, carnes rojas, etc. mientras que aquellos alimentos de colores – amarillo, rojo, naranja, verde – aportan fundamentalmente vitaminas y minerales, donde encontramos las frutas y frutos en general y verduras de hoja, y algunos tubérculos. Así que cuando oímos hablar que los platos que confeccionamos con variedad de alimentos deben ser coloridos, - como una ensalada, un arroz primavera o un risotto caliente -, no responde exclusivamente a un criterio estético, sino que asegura que incorporamos diversidad de nutrientes, además de resultar desde ya agradable a la vista.
Desde esta perspectiva, no tiene mucho sentido acompañar un plato de arroz con puré o papas fritas, o bien un bife con lentejas.
Esta es una buena época para hacernos de cereales. Durante los meses de noviembre, diciembre e inclusive enero se realizó lo que en agricultura se conoce como “cosecha fina”, es decir, la recolección de todos aquellos granos finos que crecieron durante la época invernal, como ser el trigo, el centeno, la avena, etc., es decir, los cereales más conocidos. Eso sí, no en mucha cantidad ya que a causa del calor corren el riesgo de apolillarse.
Lo ideal es conseguirlos en grano entero ya que nos da la posibilidad, además de cocerlos, de hacerlos germinar, tal el caso del trigo pan o el centeno. No en el caso por ejemplo del trigo candeal que debe cocerse ya que viene pelado o la avena que puede tostarse en seco.
Para el arroz integral conviene esperar un poquito más ya que es cultivo de verano.
Podremos quizás hacer en algún momento un informe dedicado a todos los cereales y las formas de consumirlos.
Si bien ya hay algunos choclos en verdulerías, mejor no apurarse: son variedades de crecimiento rápido, grandes y todos ‘perfectitos’. Podemos esperar por los ‘criollos’ casi al comienzo del otoño, teniendo en cuenta que este cereal americano (y oleaginosa) es el más calórico de todos porque se desarrolla durante el verano e ideal para la ‘fresca’.
También podemos conseguir legumbres chicas, como ser, lentejas, aduki, tape, mientras que las de mayor tamaño como pallares o garbanzos creería son del verano pasado.
En cuanto a frutas de estación continúan vigentes la mayoría de ellas, duraznos, pelones, ciruelas, aún frutillas, a las que se agregan las peras Williams que ya se disponen en cantidad y las uvas, ya entrando más en su época. Como siempre, las frutas siempre alejadas de las comidas o al comienzo del desayuno, es que sus ácidos ‘barren’ con los nutrientes.
Las bananas por su parte aún son de otras latitudes por lo que es preferible esperar, lo mismo que las manzanas.
Asimismo, siguen con fuerza los tomates, pepinos, zapallitos verdes, los primeros morrones (elegirlos chicos) y berenjenas baby.
Todos ellos, conjuntamente con cereales fríos o germinados y semillas deben seguir siendo la base de alimentación en esta época.
Las ventajas de consumir los cereales o legumbres germinados son varias. Primero, el hecho de que al no someter al grano al calor de la cocción, evitamos que se dilapiden una variedad de nutrientes sensibles al calor. También – como decíamos en informes anteriores – el hervir a fuego los alimentos hace que incorporemos ese ‘calor’ en nuestro cuerpo, algo inconveniente para esta época.
Cuando compramos granos o semillas secos, si bien éstos se separan de la planta al ser cosechados, no se encuentran ‘muertos’ sino que mantienen funciones de letargo, lo que se llama un metabolismo basal o mínimo, a la espera de que las condiciones de agua, luz y calor sean las adecuadas para desarrollar su potencialidad y constituirse de esta manera en un nuevo ser. Cuando los ponemos a germinar, es como que los estamos engañando, haciéndoles creer que ya están en tierra, de manera tal que comienzan a desenvolver sus funciones vitales, poniendo en juego todas sus reservas de enzimas, azúcares, hormonas de crecimiento, etc., lo cual no sucede en la cocción a fuego. Es decir, incorporamos un alimento vivo con toda su energía desplegada que – como seres parásitos del reino vegetal que somos – podremos aprovechar para el desarrollo de nuestra propia vitalidad.
Agradecerles desde ya las devoluciones que hacen por estos escritos, da placer saber que esta información, que no es otra cosa que experiencia vivida, le está sirviendo a muchos para corregir la ingesta diaria de alimentos y en general replantearnos cómo nos posicionamos en relación a todo lo que nos rodea. Ya iremos ‘cosechando’ los beneficios en todo nivel de estos reacomodamientos.
De la misma manera, hay gente que está y le gusta el tema así que todo aporte que se desee hacer, bienvenido. Ya veremos cómo hacer para unificar vivencias en algún formato comunitario saludable.
Repartan, difundan, den.
(Se vienen algunos frutos silvestres madurando en la ciudad así que a estar atentos.)
Abrazos a todos
Adrián
De la misma manera, resulta interesante el tema de los colores: se tiene como regla general – aunque hay excepciones – que aquellos alimentos de colores claros contienen fundamentalmente hidratos de carbono, como el caso de todos los cereales y de los tubérculos como la papa, batata, etc.
Los alimentos de colores oscuros son ricos principalmente en proteínas, como las legumbres, miso, carnes rojas, etc. mientras que aquellos alimentos de colores – amarillo, rojo, naranja, verde – aportan fundamentalmente vitaminas y minerales, donde encontramos las frutas y frutos en general y verduras de hoja, y algunos tubérculos. Así que cuando oímos hablar que los platos que confeccionamos con variedad de alimentos deben ser coloridos, - como una ensalada, un arroz primavera o un risotto caliente -, no responde exclusivamente a un criterio estético, sino que asegura que incorporamos diversidad de nutrientes, además de resultar desde ya agradable a la vista.
Desde esta perspectiva, no tiene mucho sentido acompañar un plato de arroz con puré o papas fritas, o bien un bife con lentejas.
Esta es una buena época para hacernos de cereales. Durante los meses de noviembre, diciembre e inclusive enero se realizó lo que en agricultura se conoce como “cosecha fina”, es decir, la recolección de todos aquellos granos finos que crecieron durante la época invernal, como ser el trigo, el centeno, la avena, etc., es decir, los cereales más conocidos. Eso sí, no en mucha cantidad ya que a causa del calor corren el riesgo de apolillarse.
Lo ideal es conseguirlos en grano entero ya que nos da la posibilidad, además de cocerlos, de hacerlos germinar, tal el caso del trigo pan o el centeno. No en el caso por ejemplo del trigo candeal que debe cocerse ya que viene pelado o la avena que puede tostarse en seco.
Para el arroz integral conviene esperar un poquito más ya que es cultivo de verano.
Podremos quizás hacer en algún momento un informe dedicado a todos los cereales y las formas de consumirlos.
Si bien ya hay algunos choclos en verdulerías, mejor no apurarse: son variedades de crecimiento rápido, grandes y todos ‘perfectitos’. Podemos esperar por los ‘criollos’ casi al comienzo del otoño, teniendo en cuenta que este cereal americano (y oleaginosa) es el más calórico de todos porque se desarrolla durante el verano e ideal para la ‘fresca’.
También podemos conseguir legumbres chicas, como ser, lentejas, aduki, tape, mientras que las de mayor tamaño como pallares o garbanzos creería son del verano pasado.
En cuanto a frutas de estación continúan vigentes la mayoría de ellas, duraznos, pelones, ciruelas, aún frutillas, a las que se agregan las peras Williams que ya se disponen en cantidad y las uvas, ya entrando más en su época. Como siempre, las frutas siempre alejadas de las comidas o al comienzo del desayuno, es que sus ácidos ‘barren’ con los nutrientes.
Las bananas por su parte aún son de otras latitudes por lo que es preferible esperar, lo mismo que las manzanas.
Asimismo, siguen con fuerza los tomates, pepinos, zapallitos verdes, los primeros morrones (elegirlos chicos) y berenjenas baby.
Todos ellos, conjuntamente con cereales fríos o germinados y semillas deben seguir siendo la base de alimentación en esta época.
Las ventajas de consumir los cereales o legumbres germinados son varias. Primero, el hecho de que al no someter al grano al calor de la cocción, evitamos que se dilapiden una variedad de nutrientes sensibles al calor. También – como decíamos en informes anteriores – el hervir a fuego los alimentos hace que incorporemos ese ‘calor’ en nuestro cuerpo, algo inconveniente para esta época.
Cuando compramos granos o semillas secos, si bien éstos se separan de la planta al ser cosechados, no se encuentran ‘muertos’ sino que mantienen funciones de letargo, lo que se llama un metabolismo basal o mínimo, a la espera de que las condiciones de agua, luz y calor sean las adecuadas para desarrollar su potencialidad y constituirse de esta manera en un nuevo ser. Cuando los ponemos a germinar, es como que los estamos engañando, haciéndoles creer que ya están en tierra, de manera tal que comienzan a desenvolver sus funciones vitales, poniendo en juego todas sus reservas de enzimas, azúcares, hormonas de crecimiento, etc., lo cual no sucede en la cocción a fuego. Es decir, incorporamos un alimento vivo con toda su energía desplegada que – como seres parásitos del reino vegetal que somos – podremos aprovechar para el desarrollo de nuestra propia vitalidad.
Agradecerles desde ya las devoluciones que hacen por estos escritos, da placer saber que esta información, que no es otra cosa que experiencia vivida, le está sirviendo a muchos para corregir la ingesta diaria de alimentos y en general replantearnos cómo nos posicionamos en relación a todo lo que nos rodea. Ya iremos ‘cosechando’ los beneficios en todo nivel de estos reacomodamientos.
De la misma manera, hay gente que está y le gusta el tema así que todo aporte que se desee hacer, bienvenido. Ya veremos cómo hacer para unificar vivencias en algún formato comunitario saludable.
Repartan, difundan, den.
(Se vienen algunos frutos silvestres madurando en la ciudad así que a estar atentos.)
Abrazos a todos
Adrián
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