Palmera

Amigos fruteros Ene 2011



Aún con algunos mburucuyás colgando de los alambres tejidos a la espera de una imprevista cosecha, se viene una joyita del verano: la palmera.

Esperen… esperen… No hay que comerse la palmera. Es que para esta época se produce la fructificación y podemos aprovecharla.



En la ciudad tenemos palmeras en las plazas, parques, calles, boulevares, o sea, hay palmeras por todos lados. Desde ellas, las reservadas cotorras nos cuentan en código todo lo que sucede en el barrio. La variedad más difundida por estos lados es la denominada pindó, que parecer ser la que mejor se adapta a este clima. La variedad butiá, menos frecuente, da frutos allá por febrero. Vemos algunas jovencitas de escasa altura y otras que superan los 15 metros.

Algunos ejemplares ya ‘nos’ están dando sus frutos que en la mayoría de los casos son redonditos, de color naranja, y que se agrupan en cachos que cuelgan desde el centro, conteniendo cientos cada uno de ellos. Puede haber 2 o 3 cachos en las palmeras más jóvenes o varios como en la foto, los cuales van madurando sucesivamente, para darnos tiempo de aprovecharlos.









Algunos frutitos son muy secos por lo que elegiremos palmeras de pepas algo carnosas, nos llevamos una buena cantidad (si el ejemplar es bajo, lo podemos incluso sacudir) y los ponemos en una cacerola con agua y un touch de azúcar. Los hervimos bastante hasta que el agua comience a espesar y ya. Colamos – cuidando de apretarlos muy bien a fin de que larguen buena parte de su contenido espeso – dejamos enfriar y a la heladera. Qué tenemos… jarabe de palmera concentrado, que iremos diluyendo en agua para beberlo como refresco. Qué tal!

A entrarle porque no aguanta mucho. Aunque si se pone un poco picantón lo podemos seguir bebiendo porque son ácidos naturales, hasta hacer otra cosecha. Entonces, ¡refresco de palmera para todo el verano! Sus competidores, gaseosas y aguas saborizadas no le llegan ni a los tobillos.

Pero para el que pasa caminando y no quiere cargarlos, simplemente ‘a la boca’ como caramelos. Tienen una consistencia particular, muy fibrosa y bien melosos, que se pegotea uno las manos, pero tienen un sabor interesante.



Eso sí: a nadie se le ocurra tirar el carozo. Lo dejan secar, le acercan un martillo y de un golpe seco tac y … coco. Claro, ¿acaso se olvidaron que es una palmera?



Sí amigos, ¡coco!, ¡coco criollo!, ¡coco de las pampas!







Bueno, no son como los de la foto, era para darles ganas.

Con paciencia y un cuchillito, vamos rescatando los pedacitos de coco. También podemos juntar los coquitos ya secos al pie de la palmera.

Así que a los que nos toca de dis-frutar esta ciudad cuasi-desierta, hay trabajo por hacer.

De resumidas, refresco, caramelito y coco para la granola o torta. Confirmado que la alegría no es solo brasileña.



¡Cuántas cosas nos caen del cielo! Ojo el ojo.



Amigos, hasta nuestro próximo fruti-encuentro. Abrazos.



Adrián

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