Discriminación, suicidio y horror en La Rioja
Por Facundo Moya - Sunday, Apr. 24, 2011 at 8:33 AM
moya_cba@hotmail.com 0351-153458509
Carlos Nicolás Agüero, de 17 años de edad, habitante de la localidad de Chepes, provincia de La Rioja, tomó la drástica decisión entre la noche del sábado 16 y la madrugada del domingo 17 del corriente. Las motivaciones detrás del hecho son todavía dudosas, pero todo apunta al hostigamiento que sufría a diario por parte de compañeros y vecinos y a la negligencia de la institución escolar que le dio la espalda. La sombra de la discriminación pareciera haber sido de peso en tamaña decisión. Pueblo chico, infierno grande.

foto_carlitos.jpg, image/jpeg, 720x535
Poco importa la orientación sexual de Carlitos, como lo llamaban sus allegados. Su hermano Franco nos comentaba que hacía poco le había contado muy contento que tenía novia. Pero nada de eso importa ya. Lo que importa es que –vaya uno a saber por qué razones de estereotipos, de modas, de imbecilidad- para muchos habitantes de Chepes era homosexual, lo cual fue automáticamente motivo de las más salvajes y grotescas burlas e insultos.
“Iba de la casa a la escuela y de la escuela a la casa”, decía Fátima, su mamá en un desgarrador e interminable llanto. Antes de que la desolación se adueñara de esta familia, Carlitos evitaba por todos los medios las salidas de la casa para no exponerse a los cotidianos maltratos verbales, sin embargo, poco de eso comentaba en familia. Aparentemente le horrorizaba la idea de que su mamá fuera a hablar con los directivos de la escuela por el miedo a que las burlas se endurezcan y se multipliquen; o que su hermano Franco tomara alguna revancha al respecto, lo cual iría por el mismo camino.
Nunca vamos a saber que pasó por la cabeza de Carlitos en ese momento, pero sí se puede reconstruir que la violencia de la discriminación era gran parte de su angustia cotidiana. Sí podemos decir a partir de los testimonios de los –pocos pero fieles- amigos que tenía, que sus pares adolescentes –y algunos adultos también- fueron muy crueles con él en el trato cotidiano.
Podemos inferir además que esos chicos y sus modos de ver lo diverso no salieron de la nada, tienen padres que los educaron de una determinada forma que fue empujándolos a este resultado. Y siguiendo esa misma línea podemos decir que además esos chicos y sus padres interactúan todo el tiempo y mediante múltiples vectores con la sociedad. La sociedad chepeña, la sociedad riojana, la sociedad argentina. Decir “pueblo chico, infierno grande” y creer que en una localidad pequeña, por el solo hecho de ser pequeña va a vivir en el conservadurismo más grande, presa del prejuicio, la intolerancia y dogmas estáticos es una verdad a medias, o sea, una mentira a medias. Es patear la pelota a un costado, mirar a otro lado.
Por pequeño que sea, Chepes se alimenta de las mismas redes mediáticas y sociales que propalamos desde las grandes urbes, de los mismos modelos y estereotipos que la iglesia, el periodismo, los teleteatros, los diarios, la música, la moda, la estética, etc. producen y reproducen cotidianamente. ¿Cuántas veces hemos escuchado a algún periodista referirse en tono burlón a la hora de presentar una nota sobre algún tema como la diversidad sexual? ¿Cuántas veces hemos visto noteros buscando denostar y burlarse en forma grotesca de su entrevistado de tal o cual orientación sexual? ¿Cuántas veces vimos actores llevar al extremo este tipo de estereotipos burlescos?
Quizás sea hora de pensar que, al margen de los grandes logros y avances en la materia en los últimos tiempos, queda mucho por hacer. Quizás sea hora de que pensemos que el gran infierno está en las grandes ciudades y que los pueblos chicos son tan sólo el reflejo exagerado, el caldo de cultivo de nuestra deformada forma de ver y mostrar el mundo, la diversidad y los modelos que buscamos imponer. Quizás sea hora de comenzar a dimensionar el daño que se provoca, la cantidad de pueblos chicos y la cantidad de “Carlitos” que puede haber en nuestro suelo cargando con innecesarios sufrimientos.
Por lo pronto, su hermano Franco nos comentaba que “las cosas no van a quedar así, como si nada”, y está dispuesto a buscar por todos lo medios legales que se haga justicia, que se aclaren las verdaderas circunstancias del hecho y que se conozca y difunda esta realidad, a diferencia de la escasa y tergiversada cobertura que le dieron los pocos medios riojanos que se encargaron del hecho, según los cuales “por razones que la familia desconoce tomó esta drástica decisión”. La familia, entre el agobiante e inesperado dolor del horror, parece conocer bien cuales fueron al menos gran parte de las causas. Carlitos habría recibido todo tipo de injurias vía Facebook y a su teléfono celular, todo lo cual está en este momento en manos de la fiscalía que se encarga de la investigación.
La familia responsabiliza también a la escuela, recalcando que Carlos era un alumno ejemplar, de asistencia perfecta y excelente promedio, sin embargo, estando al tanto de la situación que atravesaba cotidianamente el joven, la institución no fue capaz de brindarle la contención necesaria para apuntalarlo y acompañarlo a afrontarla. En este marco, hay testimonios que apuntan a que algún hecho más grave que el habitual infierno en el que ya vivía Carlos había sucedido, debido a lo cual se había retirado antes de la institución.
María, su prima, nos decía que el preceptor despidió al alumnado diciéndoles “que esto quede acá sin que se entere el rector”. Además, a la familia no se le informó que el joven se había retirado antes, lo cual le da al hecho un tinte aun más marcado de evitable. Quién sabe si otros hubieran sido los hechos si los padres, notificados, hubieran indagado acerca de las causas del retiro de Carlitos. La familia mastica hoy, el amargo sabor de que si cada uno hubiera hecho simplemente lo que tenía que hacer, nada más, nada menos, las cosas hubieran sido diferentes. Dichas variables son también objeto de la investigación que la fiscalía lleva adelante.
Se realizarán además las correspondientes presentaciones en el INADI, a los mismos fines. En este contexto, son muchos también los adolescentes dispuestos a testimoniar para aclarar a fondo la desgracia, como así lo expusieron de manera personal mientras acompañaban a la familia y también vía Facebook. No todo es blanco o negro, no todos los adolescentes chepeños discriminaron, las redes sociales no sirven sólo para malos propósitos.
Muchos niños y adolescentes asistieron a despedir a Carlitos y a mostrar su apoyo incondicional a la familia, la cual sin embargo, tiene hoy un dolor que es sólo de ellos, que muchos pueden acompañar pero nadie más sentir. Queda la esperanza de la verdad y la justicia para seguir adelante con una vida que puede ser mejor, pero que nunca volverá a ser la misma.

0 opinolog*s:
Publicar un comentario